PERFIL

Javier Orti Torres, nació en Quito el 7 de enero de 1980, es Doctor en Jurisprudencia por la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE). Obtuvo su Maestría en Estudios Políticos Aplicados, en la Escuela Iberoamericana de Gobierno de la Fundación Internacional y para Iberoamérica de Administración y Políticas Públicas, FIIAPP, en Madrid, España. Cursó especializaciones de Comunicación Política en la Universidad Complutense de Madrid, Ciencia Política Comparada en el Instituto Internacional de Ciencias Políticas de la UNESCO y Economía Gubernamental en la Universidad Nacional del Litoral de Argentina. Se ha desempeñado como Analista Jurídico en el Municipio de Quito, Consejo Provincial de Pichincha y Secretario de la Unidad de Negocios Fiduciarios del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social. ; además, es Consultor, Analista Político, Conferencista y Editorialista. Ocupó cargos de representación como Presidente del Consejo Estudiantil de la UIDE, Secretario Permanente de la Federación de Estudiantes Universitarios Particulares del Ecuador, FEUPE, y fue Diputado Alterno por Pichincha. Es autor del libro "GOBIERNOS; de la ley del mas fuerte al hiperpresidencialismo. En la actualidad es Jefe de Negocios Fiduciarios Inmobiliarios del Banco del IESS.



BIESS, el Banco de la Seguridad Social

Sin lugar a duda, la expectativa sobre el inicio de funcionamiento del Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social ha generado reacciones diversas tratando de pronosticar el alcance real de la mencionada institución.
Ramiro González, Presidente del Consejo Directivo del IESS y el BIESS, ya pronosticó en una intervención a finales del 2008 sobre LOS RETOS Y DESAFIOS DEL IESS EN EL MANEJO DE LOS FONDOS DE PENSIÓN PARA LA GENERACIÓN DE EMPLEO, sosteniendo que: “ En el corto plazo y como consecuencia de la turbulencia financiera y económica internacional es claro que los países de la región tendrán menor acceso a financiamiento externo, tasas de interés más altas, bolsas locales golpeadas y la reorientación de capitales hacia destinos y activos más seguros, así como menores envíos de remesas de emigrantes y menores niveles de inversión extranjera directa…..hay que buscar un mejor equilibrio entre inversión y mantenimiento. Las nuevas inversiones deben orientarse tanto en aumentar la productividad así como la competitividad…”
Así, comienza la ejecución de un sueño anhelado por cada afiliado, el BIESS, y es necesario tomar en cuenta que comenzará a operar como banco de inversión de segundo piso, es decir que el punto de partida será la colocación de recursos en los mismos a través de operaciones que con el IESS ya se han venido aplicando en su Plan de Inversiones tanto privativas como no privativas. En definitiva se busca que las inversiones que se han venido manejando desde el IESS sean manejadas con mayor eficiencia para generar mayor rentabilidad; pero ¿que diferencia tiene seguir operando estas inversiones a través del BIESS?
La principal diferencia es la solvencia estructural que tendría el BIESS con los demás actores financieros tanto públicos como privados. En el caso de la Banca Pública, sus políticas de permanente capitalización no ayuda principalmente al empresario en programar adecuadamente sus inversiones a largo plazo, por lo que el apalancamiento necesario para fortalecer su negocio se encuentra impedido por la falta de permanencia de oferta de crédito en el sector productivo. En cambio la Banca Privada depende única y exclusivamente de los rendimientos de inversiones de pequeño y mediano plazo, así como de los servicios operacionales, lo que impide en generar productos de financiamiento para el sector que genera el desarrollo productivo del país. Sin embargo el IESS cuenta con los aportes permanentes de sus afiliados, lo que permite generar financiamiento a mediano y largo plazo para el aparato productivo del país, abriendo la puerta a realizar proyectos de mayor generación de empleo, y sobre todo, posee la información más actualizada tanto de afiliados como de las empresas en calidad de empleadores, lo que permite diseñar productos financieros también para este sector.
En segundo lugar, se cambia la visión de inversión, es decir, al operar como banco se puede programar decisiones que generen mejores resultados, es decir planificar y proyectar las inversiones a fin de fijar metas de colocación, acción que en instancias del IESS es prácticamente imposible.
Finalmente, se eliminan las restricciones sobre creación de nuevos productos que el IESS tenía al no operar como Banco, como por ejemplo, poder generar una mayor gama de productos financieros que los existentes; así se podrán diseñar prestamos para adquirir terrenos, oficinas y otros posibles inmuebles dirigidos no solo a los afiliados sino también a los empleadores que cumplen a tiempo con las obligaciones al Seguro Social.
Con estas perspectivas estamos a pocos días de vivir lo que significa la mayor entidad financiera del país, la que deberá ser operada con la mayor de las responsabilidades para mejorar la calidad de vida tanto de sus afiliados como de sus jubilados.

IESS, UNA LUZ EN LA OSCURIDAD

Pensar en cambiar gradualmente una entidad como el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social era una misión prácticamente imposible, sin embargo tras la llegada de la era González esta realidad comienza a girar progresivamente. Su administración se basa de manera clara en diferenciar lo político de lo técnico, ya que los enemigos latentes del mejoramiento del IESS atacan por los dos francos.
A veces, tal parece que en esta institución las cosas están hechas para que no funcionen, y es el primer escollo que la nueva administración tuvo que superar, una innumerable cantidad de restricciones administrativas y burocráticas. La estrategia de colocar un profesional netamente técnico en la Dirección General dio como resultado la eliminación de una administración bicéfala ante la imagen pública, esto en parte corrige problemas serios de ingobernabilidad administrativa que existían en gestiones anteriores. Por otro lado la ya acostumbrada y acertada manera de dirigir los entes colegiados por parte de González, ha permitido que casi la totalidad de las decisiones dentro del Consejo Directivo sean tomadas por unanimidad previo consenso, práctica que también la aplicó en la Prefectura dando los resultados que ya conocemos.
Dentro del plano de organización del Seguro, existen dos columnas fundamentales que se expresan en el contacto diario con el afiliado:
En primer lugar hablemos de inversiones; se manejan proyectos que generan la mayor cantidad posible de rentabilidad para los fondos, se dividen en privativas y no privativas, las privativas generan servicios como créditos hipotecarios, quirografarios y prendarios, son productos importantes que nacieron con dificultades operativas pero que poco a poco van mejorando en su eficacia, más aún con las nuevas reformas a la Ley de Seguridad Social que permite facilitar la concesión de préstamos hipotecarios y resolver solicitudes de sustitución de hipotecas de aquellos afiliados y jubilados que tengan deudas con garantía hipotecaria en entidades financieras del país y desee sustituirlas a favor del IESS; las no privativas son básicamente inversiones en bancos privados, titularizaciones de flujos futuros y carteras, fideicomisos inmobiliarios y mercantiles, y en sí una estrecha relación con el sector privado.
La segunda columna es el talón de Aquiles, SALUD; un avance importante fue separar lo técnico de lo administrativo, principalmente en los hospitales, sin embargo persisten los problemas, para aplacarlos, se han tomado decisiones de descongestionamiento como la construcción de nuevos hospitales en Quito y Guayaquil, y, la contratación de nuevo personal médico, esto se suma a la adquisición de equipamiento médico y la mejor distribución de turnos a través del Call Center. Los intereses gremiales y personales han coadyuvado a tratar de estancar este servicio evitando que la población en general sienta los verdaderos beneficios que tiene el afialido al IESS.
La creación del Banco de la Seguridad Social ha originado discrepancias, a pesar de ser un sueño anhelado, al momento de sugerir un directorio surgen las disputas de espacios, y es que el clientelismo es un fantasma que siempre ronda esta institución. El Banco no es más que un instrumento ágil para administrar las Inversiones del IESS, de ahí el porqué es de segundo piso con opciones de agilitar los servicios que ya se otorgan como son los préstamos hipotecarios, quirografarios y prendarios.
En definitiva adaptar una institución tan fuerte a las nuevas demandas de la sociedad dentro de mecanismos tecnológicos que soluciones los problemas de sus beneficiarios no es una tarea fácil, sobre todo debe primar un cambio de actitud y desenvolvimiento por parte de los funcionarios, el IESS es una de las pocas reservas económicas que prácticamente sostienen al Estado y esa responsabilidad debe administrarse con ética y sabiduría, características que ya las ha demostrado Ramiro González.

¿Hiperpresidencialismo en el Ecuador?


Por Javier Orti

A partir de la presentación de las reformas a la Constitución por parte de la Asamblea Constituyente con respecto al Capitulo de la Función Ejecutiva, se han originado varias opiniones enfocadas principalmente a la implantación de un Hiperpresidencialismo en el Ecuador. Más allá de reconocer que en la actualidad estamos viviendo una etapa de transición hacia nuevas reglas de juego y por lo tanto, estamos sujetos al Imperio de la Legitimidad y no de la Legalidad, es preocupante la inserción de nuevas herramientas jurídicas para reforzar el presidencialismo; una de estas es la revocatoria del mandato, figura por la cual el Presidente de la República podrá solicitar al Consejo Nacional Electoral se realice acto revocatorio del mandato de los miembros de la Función Legislativa por dos causales; la primera cuando previo informe de la Corte Constitucional exista abrogaciones de funciones por parte del legislativo y la segunda cuando se obstruya de manera reiterada el Plan Nacional de Desarrollo; está última, desde mi punto de vista, es muy ambigua ya que no especifica cuantas veces y quien dictamina tal obstrucción; además pienso que se debería insertar tiempos límites para la ejecución del acto revocatorio es decir que se lo pueda aplicar luego de transcurrido un año de ejercicio de gobierno para evitar inestabilidad política.

El Hiperpresidencialismo es el ejercicio de gobierno por parte del ejecutivo con poderes omnímodos sin contrapesos ni equilibrio de poderes, aun no se lo podría calificar como bueno, malo o quebrantador del paradigma de la división de poderes; pero desde mi visión es una forma de gobierno muy peligrosa ya que siempre dependeremos de los límites morales y la buena voluntad del gobernante de turno.

El Hiperpresidencialismo

Por Javier Orti
El surgimiento de este ya tangible y real tipo de gobierno, continúa en debate en vista de los cambios suscitados, principalmente en América Latina. Varios tratadistas han determinado innumerables características como origen del hiperpresidencialismo. También llamado por algunos politólogos y juristas “neopresidencialismo”, al hiperpresidencialismo se lo compara con los gobiernos autocráticos, desde el punto de vista del ejercicio del poder a través de una sola persona con poderes omnímodos.
Para Kart Loewenstein,
existen básicamente dos formas de organización de los regímenes políticos. Los primeros se denominan autocracias, porque concentran el poder en unas pocas personas que no están sujetas a control y no reconocen el principio de soberanía popular. Entre estos regímenes autocráticos se incluye a las monarquías absolutas y a los sistemas neopresidencialistas o bonapartistas, los cuales se diferencian de las monarquías por no nacer de un carácter hereditario y por su aparente reconocimiento bajo el principio de soberanía popular.[1]
En este análisis, no hemos ubicado a este sistema dentro de los regímenes autocráticos debido a que en la actualidad se encuentran en auge con diversas variables que no nos permiten establecer si en realidad se trata de gobiernos personales o son, de hecho, proyectos políticos. Sin embargo, es necesario analizar el fenómeno como una forma de gobierno más, citando posteriormente ejemplos visibles.
Para Pedro Frías, Presidente honorario de la Academia de Derecho de Córdova y de la Asociación Argentina de Derecho Constitucional, es un hecho que, para el origen de un sistema hiperpresidencial, es vital la existencia de fragmentación social y política en un Estado[2]. Desde mi punto de vista, una fragmentación política se origina en la debilidad y poca credibilidad de los ciudadanos hacia un sistema de partidos vigente, lo cual ocasiona el surgimiento de nuevos movimientos y organizaciones políticas, en su mayoría carentes de ideología pero con claros objetivos sectoriales, gremiales y corporativos.
La baja representación de muchos sistemas políticos origina la conformación de parlamentos con índices altos de número efectivo de partidos y, por lo tanto, excesiva fragmentación. Todo ello ocasiona la incongruencia en el nacimiento de coaliciones y alianzas dentro de la toma de decisiones trascendentales para la aprobación de leyes y nombramiento de autoridades. El resultado es la proliferación de movimientos con fines políticos pero carentes de argumentos ideológicos y rigiéndose simplemente en situaciones coyunturales.
Así nacen las tan denominadas mayorías parlamentarias móviles que únicamente se forman por la intersección de intereses partidistas muy apegados al mantenimiento clientelar y la supervivencia o consecución de parcelas o minifundios de poder. Todo esto sumado a la falta de cultura política y la errónea administración de los sistemas electorales, los cuales reflejan una enorme permisividad para que el votante elija a su representantes por afinidades o superficialidades, mas no en base a su programa de trabajo o su tendencia ideológica.
Cuando la fragmentación y la falta de legitimidad en la representación han mostrado un gran desgaste en la práctica política de entes colegiados como el parlamento, surgen personajes, proyectos, movimientos o partidos que elaboran un discurso frontal contra todo ese sistema desgastado. Algo muy parecido sucedió en el sistema político italiano, ya que su sistema de partidos terminó por convertirse en una agrupación de simples organismos burgueses y clientelares, originando así el nacimiento del término “partitocrazia”. Al final, estos nuevos actores consiguen, con el nuevo caballo de batalla, una gran adhesión popular que a la larga puede originar el nacimiento de una nueva república con constituciones y gobiernos tendentes al unipartidismo y a un fuerte presidencialismo o hiperpresidencialismo.
¿Pero qué características constitucionales posee el hiperpresidencialismo?
Recogiendo la estructura orgánica de varios ejemplos, podemos llegar a la conclusión de que existen varias características constitucionales esenciales que dan origen al hiperpresidencialismo. Tenemos que decir que todo se basa en la impetuosa necesidad de evitar el equilibrio de poderes entre las funciones del Estado para otorgar estos a la función ejecutiva, eliminando varias atribuciones del parlamento y evitando que sus decisiones entorpezcan o detengan los planes programáticos del presidente.
Para lograr la correcta armonía que debe existir en un sistema presidencial en cuanto a las relaciones ejecutivo-legislativa, es necesario, por ejemplo, impedir la excesiva concentración del poder en la figura presidencial, ya que un error gubernamental puede determinar como único responsable al primer mandatario, lo que ha originado en muchas ocasiones levantamientos populares con el afán de desestabilizar y destituir al representante de la función ejecutiva.
Si bien en un sistema presidencial el Jefe de Gobierno y Estado es el Presidente de la República, él posee la peyorativa de conformar su gabinete ministerial para que sus ministros emitan políticas públicas en función de las competencias que tenga cada uno de ellos; por lo tanto, desde mi punto de vista, cada miembro responsable de una cartera de Estado debe ser responsable de sus decisiones y responder ante un colegiado representativo cargado de legitimidad, como es el parlamento. El hecho de eliminar la facultad de la cámara, o de enjuiciar y destituir a un miembro del gabinete, implica la falta de variables de desfogue y oxigenación del gobierno y el aumento del desgaste de la imagen presidencial.
En otros casos, el hecho de tomar de decisiones gubernamentales sin consultar al gabinete o consejo de Estado arriesga la estabilidad democrática y política que debe tener un país. Si bien es muy posible la falta de criterio político al momento de ejercer una oposición madura, en un sistema hiperpresidencial la función legislativa se limita únicamente a la promulgación de leyes siempre bajo la posibilidad de un veto parcial o total de a estas por parte del ejecutivo.
En algunas constituciones incluso se prohíbe a los miembros del parlamento a tramitar o gestionar partidas originadas del presupuesto anual del Estado. En el sistema presidencial, dicho presupuesto no es elaborado por el parlamento, aunque sí aprobado por éste, con la opción de emitir sugerencias. Este procedimiento nace a partir de la incapacidad del parlamento, a lo largo del tiempo, para consensuar los presupuestos anuales que entrarán en funcionamiento durante la subsistencia del gobierno.
En el caso argentino, por ejemplo, es necesario mencionar lo que dos editorialistas significativos argumentan sobre la existencia de un modelo hiperpresidencial en dicho Estado. Es interesante notar que las intervenciones se intersecan en el manejo presidencial del saliente primer mandatario argentino Néstor Kirchner.
Para Ivana Rossi, politóloga, y Martín Bohmer, Decano de Derecho de la Universidad de Palermo, “la democracia argentina depende demasiado de una sola persona, en la que se depositan tantas esperanzas como posibles frustraciones”. Esta aseveración la argumentan utilizando como método de investigación el análisis detallado de la forma de actuar del Presidente como actor decisivo en la democracia argentina, estudiando cada una de sus decisiones, la forma en la que las toma, los argumentos que utiliza y las relaciones que establece o las que niega establecer, es decir, caracterizando su estilo e intentando, con variado éxito, predecir sus decisiones. Para los editores, “en el Presidente coexisten el hombre y la investidura, la especial combinación de destrezas políticas de una persona en particular y los límites constitucionales dentro de los cuales esa persona puede ejercer el poder”. Esta arquitectura constitucional personaliza el poder, por lo que existe una gran responsabilidad al escoger a una sola persona para depositar en él los destinos del país. Para culminar, este artículo sostiene que el juego llamado hiperpresidencialismo consta de un puñado de reglas claras compuestas por un mandato presidencial de término fijo, con la posibilidad de reelección, capacidad de dictar decretos, vetar parcialmente leyes, distribuir recursos, etc.[3]
Para Sergio Barensztein, editorialista de La Nación, director de Poliarquía Consultores y Profesor de la Universidad Torcuato Di Tella, el Presidente Kirchner ratifica tres elementos para entender su modelo hiperpresidencial. El primer elemento consiste en que el poder ejecutivo concentra una enorme cantidad de recursos políticos, lo que origina que su agenda sea limitada y tenga una tendencia a la micro gerencia o a la discusión solamente de detalles de un determinado tema. Eso provoca un manejo arbitrario de tiempos, prioridades cuestionables y ausencia de un norte preciso desde el punto de vista estratégico. El segundo elemento tiene que ver con el aprovechamiento de oportunidades que se presentan para consolidar la autoridad y el liderazgo del Presidente al recomponerse la autoridad presidencial gracias a la recuperación económica. El tercer y último elemento es la demostración de la escasa sensibilidad de la opinión mundial sobre su tipo de política, ya que preocupa muy poco los costos para el país que tienen sus acciones u omisiones objetivamente controvertidas. Por lo tanto, y en conclusión, la acumulación de poder, la consolidación de la autoridad presidencial y el aislamiento internacional son tres aspectos medulares que hacen del gobierno de Kirchner un gobierno de tipo hiperpresidencial, incompatible con la forma de gobierno democrática y representativa que define la Constitución nacional argentina. El editorialista termina diciendo que esa democracia, no incompatible con el presidencialismo pero sí con el hiperpresidencialismo, puede, en efecto, ahogarse y perder el gobierno de la ley.[4]
En el caso ecuatoriano, el hecho de colocar su sistema político dentro de un hiperpresidencialismo se debe a las constantes reformas políticas originadas desde 1979, tiempo en que el Ecuador recuperó la democracia como forma de participación gubernamental. Para Fernando Bustamante, quien mediante un editorial escrito en el año 2006 ha fundamentado lo que se podría interpretar como el “hiperpresidencialismo ecuatoriano”, lo que ha ocurrido es que el presidente de la República se ha convertido en el fusible de todos los problemas y el Ejecutivo en el lugar donde convergen todas las presiones de los poderes fácticos, cuya dominación no depende de la autoridad o de las atribuciones que la Constitución les otorgue, sino, muy por el contrario, de las realidades socioeconómicas que dan lugar a una determinada repartición de recursos y de fuerzas.[5]
En la actualidad nuestro país se encuentra en una clara etapa de transición hacia nuevas reglas de juego democráticas al instalarse una Asamblea Nacional Constituyente, sin embargo sus primeras actuaciones nos dan la lectura de que en la transición se ha acentuado mucho más el hiperpresidencialismo, tomando en cuenta la conformación política de este ente colegiado con una mayoría oficialista de casi el 80%.
La ejecución de los plenos poderes de la Asamblea Constituyente han dado como resultado, la eliminación total del Congreso Nacional, cuyas funciones han sido transferidas a una de las mesas de debate de la Asamblea, y así, se están aprobando leyes enviadas por el ejecutivo en período record, solo el tiempo podrá juzgar si este procedimiento ha sido el más adecuado para el país. Sin embargo ya se está comenzando a debatir sobre la vigencia o no del supuesto presidencialismo actual. La revista Vistazo, recoge importantes comentarios al respecto, por ejemplo según el asambleísta Virgilio Hernández se habla sobre un primer acuerdo “Se requiere construir un sistema de corresponsabilidad entre Ejecutivo y Legislativo; ahora bien, hablar de otras formas de gobierno como el semipresidencialismo es un tema para debate”, y sobre el mismo tema, según el sociólogo Luis Verdesoto, investigador de FLACSO, el modelo actual derivó en un presidencialismo exacerbado o hiperpresidencialismo ya que la forma de resolver la ingobernabilidad fue quitar cada vez más atribuciones a los organismos de representación plural de la sociedad y pasárselas al Ejecutivo, ésa ha sido la característica en Ecuador, donde se asentó una cultura caudillista y populista, al final de cuentas el Presidente pudo manejar con más libertad los dispositivos institucionales en sus manos, y hemos vivido en un borde dictatorial"[6].
Para terminar es necesario citar el caso venezolano y el reciente intento de su gobierno para acentuar su hiperpresidencialismo, recordemos las intenciones constitucionales que recibieron como respuesta el NO de los ciudadanos venezolanos.
El conjunto de reformas del referéndum tenían como objetivo claro el “ideologizar” instituciones estatales importantes para un Estado.
Por ejemplo, con respecto al ejercicio de la soberanía en territorio venezolano, se intentaba permitir que el Presidente de la República decrete Regiones Especiales Militares con fines estratégicos y de defensa en cualquier parte del territorio y demás espacios geográficos de la República.
En cuanto a la economía, se quería promover el desarrollo de un modelo económico productivo, intermedio, diversificado e independiente, fundado en los valores humanísticos de la cooperación y la preponderancia de los intereses comunes sobre los individuales.
En los monopolios y la explotación de recursos naturales se intentó eliminar la figura de la concesión e introducir la reserva del derecho de explotación y ejecución de estos recursos mediante empresas de su propiedad o el establecimiento de empresas mixtas o unidades de producción socialista.
Se aumentaría el periodo presidencial de seis a siete años, y se introduciría la reelección inmediata e indefinida.
Dentro de las atribuciones presidenciales, se añade la función del Presidente para, además de dirigir la acción del gobierno, dirigir la acción del Estado y coordinar las relaciones con otros poderes públicos nacionales en su carácter de Jefe de Estado. Además, el Presidente tendría la potestad de crear provincias, territorios y/o ciudades federales y designar sus autoridades. No necesitaría la aprobación de la Asamblea Nacional para formular el plan nacional de desarrollo y dirigir su ejecución.
Se trató también de atribuir al Jefe de Estado, en coordinación con en Banco Central, la administración de las reservas internacionales, así como el monto de las reservas excedentarias.
Y entre otras reformas se quiso considerar a las a las Fuerzas Armadas Bolivarianas como un cuerpo patriótico popular y antiimperialista[7].
El caso venezolano nos permite tener una lectura clara de que el poder no es eterno. La oposición al presidente Chávez ya no tiene un origen partidista, sino que es el despertar de muchos sectores de la sociedad civil, especialmente de la clase universitaria. Además, es muy complejo tratar de “ideologizar” instituciones como las Fuerzas Armadas, que cumplen otro tipo de labor en un Estado y, en sistemas mucho más complejos, hasta un papel más simbólico que práctico.
El manejo de un sistema no solo depende de lo que internamente pueda pasar en un país. También las relaciones internacionales tienen un rol preponderante a la hora de la supervivencia de la arquitectura institucional.
Vemos también que puede ser muy perjudicial y “cortoplacista” el hecho de tratar de concentrar el poder en una figura o en una función. Si bien es cierto que la democracia implica el establecimiento de las ideas mediante la consecución de mayorías, es necesario consensuar pactos mínimos de convivencia.
Recordemos, en definitiva, lo que nuestro libertador Simón Bolívar decía acerca de un sistema de gobierno: “El sistema de gobierno más perfecto es aquel que en lo posible produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”[8].


[1] Kart, LOEWENSTEIN, Teoría de la constitución, Barcelona, Ariel, 1983, pp. 88-145.
[2] Pedro FRÍAS, “Hiperpresidencialismo”, editorial para Diario de Cuyo, martes 16 de noviembre de 2004.
[3] Ivana ROSSI Martín BOHMER, Martín, “El problema sigue siendo el hiperpresidencialismo”, editorial para El Clarín, miércoles 10 de diciembre de 2003.
[4] Sergio BARENSZTEIN, “El hiperpresidencialismo puede ahogar la democracia”, editorial para La Nación, 29 de noviembre de 2005.
[5] Fernando BUSTAMANTE, “Hiperpresidencialismo”, editorial para Diario Hoy, 8 de septiembre de 2006.
[6] María Belén ARROYO, “El laberinto de Montecristi”, editorial para Vistazo, enero de 2008.
[7] Fuente: Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela: www.venezuela.gov.ve
[8] Fuente: Portal “Cátedra Bolivariana”, http://www.catedrabolivariana.org/

CARTA A EL COMERCIO PUBLICADA EL 4 DE NOVIEMBRE 2007

Con relación a la opinión de Diario El Comercio, expresada en su columna editorial del día martes 30 de noviembre último, bajo el título “Las renuncias contra la democracia”, nuevamente me veo en la obligación cívica de explicar mi excusa a integrarme al Pleno del Congreso Nacional.

Cuando la sociedad anhela una reforma profunda de su ordenamiento interno y estructura de poder, entre otras medidas, es necesario convocar a conformar un Poder Constituyente, para restablecer y fortalecer las instituciones y el Estado de Derecho. En el contexto del actual proceso de reforma que vivimos en el Ecuador, mi negativa a principalizarme como diputado del Congreso Nacional, de ningún modo fue por temor a su anunciada disolución. Por el contrario, fue la expresión frontal y pública de mi rechazo a las deplorables prácticas de la clase política del país, producto de su falta de cultura e inmadurez política. De otra parte, no creo que mi excusa haya coadyuvado a la destrucción de dicha función del Estado, tal como sugiere su editorial, pues son otros actores los que ya se encargaron de ello, debilitando consigo todo el sistema de valores que se supone debe sostener a un país: honestidad, confianza, transparencia, productividad, solidaridad, equidad y justicia. Ante esta situación también es legítimo preguntar: ¿Los defensores de su curul, a costa de la necesaria institucionalidad, tendrán la osadía de volver a presentarse como candidatos a una función de elección popular, cuando han hecho caso omiso a la voluntad popular? Los padres de la patria deben escuchar la voz de sus hijos, no encerrarse en cuatro paredes sin saber lo que en realidad pasa afuera. En tal sentido, y no en otro, se debería entender mi renuencia a formar parte de un grupo de diputados deslegitimados, mas no a formar parte de una institución que a mi parecer si es necesaria dentro de un Estado democrático.

LOS PÁJAROS DISPARAN A LAS ESCOPETAS

El jueves 11 de Octubre de 2007 en un medio escrito muy respetable, se publicó un artículo con el título “Bloques acusan a diputados que dejaron cargos” en donde el diputado Luis Almeida opina lo siguiente: “no han sido padres de la patria, sino personas que se van por el interés mediático como la oferta de embajadas o cargos públicos” y que quienes dicen que renunciarán están omnubilados por las ofertas del régimen ya que “Solo hay que esperar unos días para ver dónde están sus familiares o qué frecuencias nuevas obtienen”.

Desde mi punto de vista es penoso que representantes de Sociedad Patriótica crean tener la calidad moral de juzgar de esa manera la actitud de valentía y desprendimiento de quienes, por acatar la voluntad soberana, hemos decidido dar un paso de costado y no pertenecer a una institución necesaria pero tan manipulada y desgastada como el Congreso Nacional, la cual necesita legitimarse con nuevas reglas. ¿Acaso hemos olvidado los escándalos de nepotismo en la época de Gutiérrez? ¿No es acaso quebrantar la institucionalidad violando el Estado de Derecho al posesionar la “Pichi Corte”? Y ahora son en su mayoría, con contadas excepciones, quienes se escudan en las faldas de la institucionalidad para engancharse a su curul, es hora de identificar quienes carecen de visión, decencia y dignidad; recuperemos la memoria e identifiquemos verdaderos Padres de la Patria.


Dr. Javier Orti
EX DIPUTADO
www.javierorti.blogspot.com

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